Me han pedido que exprese mi punto de vista sobre la noticia de que Chupa-Chups ha cerrado sus puertas en Villamayor, Piloña (Asturias)
De entrada lo primero que me viene a la garganta -para mi, centro de la rabia en su punto más álgido- es la desilusión, después la decepción. Ambos sentimientos a partes iguales. Mi verde tierra no solo es bella por su paisaje, su gastronomía y sus gentes; también la siento bella por haber sido, en sus mejores años, el centro de la industria nacional. Ahora esto es un espejismo.
Recuerdo perfectamente lo que peleamos Jesús y yo para evitar tener que abandonar nuestra tierra. Finalmente, dadas las escasas perspectivas de encontrar nuestro hueco laboral, tuvimos que tomar la decisión de abandonar lo que más amamos para construirnos una vida.
Durante estos últimos diez años hemos soñado y seguimos soñando -últimamente ya no es un sueño sino una necesidad que vamos a transformar en realidad- en regresar a nuestra Asturias.
Cada vez que regresábamos a nuestra tierra a pasar las vacaciones, nos percatábamos de que la dejadez por parte del Gobierno del Principado seguía en su punto más alto y también la poca ilusión de nuestra gente. Ahora, la situación no es ni mejor ni peor. Siempre ha estado como está, lo que ocurría es que la mayoría de los jóvenes se apoltronaban en casa de sus padres y estos, tirando del retiro, alimentaban a toda la familia. Ahora la cosa ha cambiado; por fin nuestros paisanos de la misma quinta han ido abandonando el nido y ahora qué queda... pues un montón de gente retirada viviendo su edad de oro. Ahora es el momento pues de regresar, empieza a haber huecos, vacantes, oportunidades... pero te enteras de noticias como la de Chupa-Chups y te vuelve la desesperanza y el mosqueo.
El Gobierno del Principado continua figurando, continua metiendo la mano... pero en las fabadas, las comilonas, los eventos con fotógrafos. Pero cuando tiene que mojarse el culo por conservar lo que funciona, se sube bien arriba los pantalones, se forra bien con el traje de aguas y sin soltar un triste salvavidas a la pobre gente trabajadora de esta empresa, se va de pesca a otra fiesta, a otra inauguración donde plantar la cara falsa del más falso de los políticos, aquel que solo mira por hundir más a la Comunidad. ¿Y cómo lo consigue? Muy fácil, no haciendo nada por los suyos.
Menos mal que nos queda el Centro Niemeyer
Menos mal que nos quedan los jóvenes, ya no tan jóvenes, que un día emigraron y que ahora pretenden volver a arrimar el hombro.
Menos mal que si por algo nos destacamos los asturianos es por nuestra testarudez
Menos mal que aún nos queda el arroz con leche para endulzar los paladares.
Pero ahora, ¿qué les quedan a los 150 nuevos socios de la mayor empresa del país, el Inem?.
La resignación, la pataleta y acordarse muy "gentilmente" del Presidente del Principado de Asturias, así se le atragante el próximo chupa-chups que se meta en la boca.
De entrada lo primero que me viene a la garganta -para mi, centro de la rabia en su punto más álgido- es la desilusión, después la decepción. Ambos sentimientos a partes iguales. Mi verde tierra no solo es bella por su paisaje, su gastronomía y sus gentes; también la siento bella por haber sido, en sus mejores años, el centro de la industria nacional. Ahora esto es un espejismo.
Recuerdo perfectamente lo que peleamos Jesús y yo para evitar tener que abandonar nuestra tierra. Finalmente, dadas las escasas perspectivas de encontrar nuestro hueco laboral, tuvimos que tomar la decisión de abandonar lo que más amamos para construirnos una vida.
Durante estos últimos diez años hemos soñado y seguimos soñando -últimamente ya no es un sueño sino una necesidad que vamos a transformar en realidad- en regresar a nuestra Asturias.
Cada vez que regresábamos a nuestra tierra a pasar las vacaciones, nos percatábamos de que la dejadez por parte del Gobierno del Principado seguía en su punto más alto y también la poca ilusión de nuestra gente. Ahora, la situación no es ni mejor ni peor. Siempre ha estado como está, lo que ocurría es que la mayoría de los jóvenes se apoltronaban en casa de sus padres y estos, tirando del retiro, alimentaban a toda la familia. Ahora la cosa ha cambiado; por fin nuestros paisanos de la misma quinta han ido abandonando el nido y ahora qué queda... pues un montón de gente retirada viviendo su edad de oro. Ahora es el momento pues de regresar, empieza a haber huecos, vacantes, oportunidades... pero te enteras de noticias como la de Chupa-Chups y te vuelve la desesperanza y el mosqueo.
El Gobierno del Principado continua figurando, continua metiendo la mano... pero en las fabadas, las comilonas, los eventos con fotógrafos. Pero cuando tiene que mojarse el culo por conservar lo que funciona, se sube bien arriba los pantalones, se forra bien con el traje de aguas y sin soltar un triste salvavidas a la pobre gente trabajadora de esta empresa, se va de pesca a otra fiesta, a otra inauguración donde plantar la cara falsa del más falso de los políticos, aquel que solo mira por hundir más a la Comunidad. ¿Y cómo lo consigue? Muy fácil, no haciendo nada por los suyos.
Menos mal que nos queda el Centro Niemeyer
Menos mal que nos quedan los jóvenes, ya no tan jóvenes, que un día emigraron y que ahora pretenden volver a arrimar el hombro.
Menos mal que si por algo nos destacamos los asturianos es por nuestra testarudez
Menos mal que aún nos queda el arroz con leche para endulzar los paladares.
Pero ahora, ¿qué les quedan a los 150 nuevos socios de la mayor empresa del país, el Inem?.
La resignación, la pataleta y acordarse muy "gentilmente" del Presidente del Principado de Asturias, así se le atragante el próximo chupa-chups que se meta en la boca.

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